Mercedes Vilma Gilardi nació el 24 de septiembre de 1942 en Villa Dolores, provincia de Córdoba. Fue la segunda hija mujer de Segundo Gilardi y Ángela Regis, y creció rodeada de sus cinco hermanos: Bety —quien con ternura la apodó “Yoyi”, sobrenombre que la acompañó toda su vida—, Miguel, Chola, Nora y Jorge.
Su infancia en Villa Dolores estuvo marcada por desafíos familiares y económicos, pero también por la fortaleza que desarrolló y el amor profundo hacia su familia. Al casarse su hermana mayor Bety, Yoyi se trasladó con ella a Córdoba Capital. Allí, acompañó con ternura la llegada de sus sobrinos, por quienes sentía un afecto entrañable.
Fue también en Córdoba donde, un 6 de agosto, en una fiesta de club, conoció al que sería el gran amor de su vida, Pedro José María Mansilla. Ella estaba vendiendo una rifa junto a una amiga cuando lo conoció. Se casaron en 1966 y construyeron una familia con cuatro hijos: Mónica Viviana, Leonardo Adrián, Vanesa Rosana y Vilma Betina.
Yoyi fue una mujer incansable. Siempre trabajó, y lo hizo con entrega, amor y responsabilidad. Ejerció múltiples oficios: fue empleada doméstica, trabajó en una mercería, en el programa PAICOR, y también en una panadería. Cada esfuerzo tuvo un solo objetivo: el bienestar de su familia.
Como madre fue excepcional: presente, protectora, atenta a las necesidades de cada uno de sus hijos. Como esposa, vivió una historia de amor intensa y compleja con un hombre al que amó profundamente, a pesar de las idas y vueltas que la vida y el amor les pusieron en el camino. Juntos, más allá de todo, compartieron una vida entera.
Yoyi fue una mujer profundamente afectuosa. Amó a su madre Ángela y a sus hermanos con intensidad, y mantuvo la unión familiar como un valor fundamental. Disfrutaba de los pequeños placeres de la vida, como tejer. Cada nieto y nieta recibió de sus manos un abrigo hecho con amor: Macarena, Julieta, Sofía, Lucas, Lautaro, Candela, Agustín, Amparo y Lucía tienen en sus prendas tejidas el calor de su abuela.
También supo construir relaciones sólidas con sus yernos y su nuera: Gustavo, Patricia, Marcelo y Ariel, con quienes compartió afecto y respeto.
Hoy su legado vive en la familia que formó. En sus hijos, que se quieren, se acompañan y honran su historia. En los recuerdos de cada gesto suyo, de cada sacrificio, de cada risa y abrazo compartido. En la trama invisible pero fuerte de amor que tejió con su vida.
Mercedes Vilma Gilardi fue, y sigue siendo, el corazón de una familia que aprendió a amar gracias a ella.
Bajo esta banca, entre flores y silencio, descansan las cenizas de Yoyi.
Aquí permanece su luz, en cada rayo de sol que toca la tierra.
Su amor sigue floreciendo, en cada recuerdo, en cada latido.